Separación consciente: acompañar a tus hijos sin culpa ni conflictos

Hay tantas separaciones como personas en el mundo

La Psicología aporta el concepto de Flexibilidad Psicológica, definida como “la capacidad de sentir y pensar con apertura mental, asistir voluntariamente a la experiencia del momento presente y avanzar en direcciones importantes para nosotros, forjando hábitos que nos permitan vivir de un modo congruente con nuestros valores y aspiraciones” (Hayes, 2020).

Este concepto es especialmente útil en los procesos de separación para evitar la escalada del conflicto.

No hay dos separaciones idénticas. Cada persona y cada familia la transitan a su manera, intentando adaptarse y evitar el daño en sus hijas e hijos. Esta etapa exigirá apertura mental, aceptación del dolor y compromiso con los propios valores: ser el tipo de madre o padre que quieres ser.

No es necesario tener habilidades previas extraordinarias. Se pueden aprender. El reto es grande, pero merece la pena. Las niñas y los niños sufren mucho con el conflicto entre sus padres. Es difícil, pero es posible.

Cómo comunicar una separación a hijos adolescentes y acompañarlos en el proceso

La separación de una pareja supone un cambio importante no solo para los adultos, sino también para los hijos, que deben reconfigurar su mundo afectivo y cotidiano. En el caso de los adolescentes, este proceso puede resultar especialmente sensible, ya que se encuentran en una etapa de búsqueda de identidad, independencia y equilibrio emocional. Por ello, la forma en que los padres comuniquen y gestionen la separación influirá de manera directa en el bienestar psicológico de sus hijos.

1. Preparar la conversación

Antes de hablar con los hijos, es fundamental que ambos progenitores planifiquen la conversación juntos. Aunque existan conflictos o diferencias, este momento requiere una postura cooperativa. Los padres deben acordar:

  • Qué van a decir y cómo lo van a decir.
  • Evitar versiones contradictorias o culpas cruzadas.
  • Anticipar posibles preguntas de los hijos y pensar respuestas claras y sinceras.

Es importante mantener el foco en ofrecer seguridad, coherencia y contención emocional. La conversación no debe improvisarse ni realizarse en momentos de tensión o tras una discusión. Es preferible elegir un momento tranquilo, en el que todos dispongan de tiempo para hablar y procesar.

2. Cómo tener la conversación

Cuando llegue el momento de comunicarlo, ambos padres deben estar presentes. La presencia conjunta transmite a los hijos que, aunque la pareja se separe, ambos seguirán ejerciendo su rol parental y cuidándolos.

Durante la conversación:

  • Hablad con honestidad y serenidad, dejando claro que es una decisión pensada sin entrar en detalles íntimos.
  • Evitad culpabilizar o hablar mal del otro progenitor para que no se sientan obligados a tomar partido.
  • Recalcad que no tienen ninguna responsabilidad en la separación y que no podrían haberla evitado.
  • Transmitid seguridad y continuidad, asegurando que ambos padres seguirán presentes y queriéndolos igual.
  • Permitid y validid sus emociones, escuchándolos sin juzgar ni intentar convencer.
  • Ofreced espacio para preguntas, dejando la puerta abierta para hablar cuando se sientan preparados.

3. Después de la conversación: cómo acompañar el proceso

La comunicación no termina el día en que se da la noticia. Los adolescentes necesitarán tiempo para adaptarse y volver a sentirse seguros. En este periodo, los padres deben:

  • Mantened rutinas y estabilidad, introduciendo los cambios inevitables de forma gradual para darles seguridad.
  • Coordinaos como equipo parental para evitar mensajes contradictorios, comparaciones o competir por su afecto.
  • Separad los conflictos de pareja de la relación con los hijos, evitando discusiones o reproches delante de ellos.
  • Fomentad una comunicación abierta, animándolos a expresar lo que sienten y validando sus emociones.
  • Respetad los tiempos de cada uno, sin forzar conversaciones ni minimizar su malestar.
  • Evitad sobrecargarlos emocionalmente, sin convertirlos en confidentes, mediadores o apoyo de los adultos.
  • Transmitid esperanza, explicando que la familia no desaparece, sino que se transforma y puede construirse de forma más sana.

4. Cuidar el vínculo parental

El bienestar de los hijos depende, en gran parte, de cómo los padres logren mantener una relación parental respetuosa y funcional. Algunos principios clave son:

  • Tratarse con educación, incluso cuando existan desacuerdos.
  • Cumplir los acuerdos de convivencia y visitas.
  • Evitar hablar negativamente del otro progenitor delante de los hijos.
  • Fomentar la relación de los hijos con ambos, sin interferencias.
  • Mostrar interés genuino por su vida cotidiana (amigos, estudios, actividades), para que sientan que siguen siendo prioridad.

Los hijos necesitan saber que, aunque la pareja se haya roto, su familia sigue siendo un espacio de amor, cuidado y respeto. Esa es la base que les permitirá atravesar el proceso con menos angustia y mayor seguridad emocional.

Publicaciones Similares