Puentes entre Padres e Hijos

Criar y Escuchar a tu Adolescente

Entre padres e hijos existe un salto generacional: cada generación tiene formas de vivir, valores y normas diferentes, sin que unas sean mejores que otras. Las nuevas generaciones, como la “Generación de Cristal”, se caracterizan por ser nativos digitales, sensibles, empáticos, diversos, creativos y cuestionadores, aunque a veces se perciben como frágiles. Esto puede generar que sus malestares o formas de actuar sean minimizados por los adultos. Es fundamental que los adultos acepten y validen estas diferencias para mantener una relación positiva con los adolescentes.

Los estilos de crianza son la forma de comunicarte y relacionarte con tus hijos. Estos se proponen a partir de la dimensión de Afecto/Comunicación y Control/Límites. A partir de esto, podemos describir los siguientes estilos de crianza

  • Autoritario: padres muy controladores y rígidos, priorizan la obediencia sobre el afecto. Los hijos suelen ser dependientes, ansiosos, irritables y con riesgo de problemas emocionales o consumo de sustancias.
  • Permisivo: padres afectuosos, pero sin límites claros. Los hijos desarrollan baja tolerancia a la frustración, impulsividad y dificultad para respetar normas.
  • Democrático: padres equilibrados, respetuosos y con límites coherentes. Los hijos son independientes, seguros, comunicativos y con buena autoestima.
  • Negligente: padres indiferentes, sin afecto ni límites claros y a veces punitivos. Los hijos presentan problemas de conducta, baja autoestima y dificultad para regular emociones.

Estilos de comunicación: La manera en que hablamos con nuestros hijos influye tanto como la crianza.

  • Agresivo: se impone y amenaza, usando reproches, sarcasmo o culpas, sin considerar los sentimientos del otro. Este estilo daña la confianza y rompe el vínculo con los hijos.
  • Pasivo: evita el conflicto y no expresa opiniones por miedo o inseguridad, lo que hace que los adolescentes ignoren límites y opiniones de los padres.
  • Asertivo: equilibrio entre expresar lo propio y respetar al otro. Favorece la confianza, la escucha activa y una comunicación afectiva y constructiva.
  • Pasivo-agresivo: parece calmado, pero transmite mensajes irónicos o manipulativos, generando confusión, inseguridad y desvalorización en los adolescentes.

Qué no hacer con adolescentes y cómo mejorar la comunicación:

  1. No ridiculices ni confrontes en público, ni grites o exijas en exceso; reconoce sus esfuerzos.
  2. No presiones sobre estudios o comparaciones, ni antepongas tus necesidades ni los sobre-responsabilices.
  3. Evita ser excesivamente indulgente o dar consejos no solicitados que minimicen sus sentimientos.
  4. Escucha, apoya y acompaña sus decisiones para fortalecer la confianza y la relación.

En resumen, piensa en cómo te sentirías si recibieras tú esas actitudes: la clave es acompañar, escuchar y reconocer sin imponer ni minimizar.

Qué sí hacer con adolescentes para fortalecer la relación y la comunicación:

  1. Escucha activamente y dedica tiempo de calidad compartiendo actividades.
  2. Sé paciente, gestiona tus emociones y mantén expectativas realistas.
  3. Da espacio, negocia soluciones y respeta su ritmo para hablar.
  4. Expresa afecto genuino, sé comprensivo y valida sus emociones mientras los acompañas.

Este enfoque refuerza la confianza, la autoestima y la conexión emocional, favoreciendo que los adolescentes se sientan escuchados, respetados y apoyados.

Alternativas a los estilos de comunicación poco efectivos con adolescentes:

En lugar de amenazar:

  • Expresar preocupación: “Me preocupa que llegues tarde al colegio.”
  • Preguntar y escuchar: “¿Necesitas ayuda para organizarte por las mañanas?”
  • Pactar acuerdos: “Me gustaría que llegásemos a un acuerdo sobre las mañanas.”
  • Ofrecer ayuda: “¿Crees que puedo ayudarte en algo?”
  • Dar ejemplo (calma y coherencia)

En lugar de dar órdenes:

  • Describir el problema: “Es imposible entrar en esta habitación con todo en el suelo.”
  • Decir cómo te sientes: “Me preocupa pisar algo.”
  • Explicar consecuencias: “Tener la habitación así puede hacerte sentir más triste.”
  • Ofrecer opciones: “¿Qué prefieres, recogerla hoy o el sábado?”
  • Usar palabras clave: “La habitación.”
  • Recordar valores: “Creo que debemos llegar a un consenso sobre el desorden.”
  • Usar gestos inesperados
  • Escribir mensajes amables: “Cariño, ¿podrías recoger la habitación cuando tengas un momento?”

Este enfoque favorece la cooperación, reduce conflictos y enseña a los adolescentes a comunicarse de manera respetuosa y constructiva.

Ejemplo práctico:

  • Adolescente: “Mamá, me dijiste que hoy iríamos a comprar las bambas que necesito. Eres una mentirosa. Sacas tiempo para tus cosas, pero para mí, nada.”
  • Comunicación alternativa: “Hijo/a, me ha molestado que me llames mentirosa. Esperaba que pudiéramos ir, pero tuve que atender a los abuelos. ¿Podemos buscar otro día para ir juntos?”

Resultado: Cuando combinamos límites claros, comunicación afectiva y respeto, los adolescentes se sienten escuchados, comprendidos y apoyados. Esto fortalece la autonomía, confianza y la relación familiar. Si el adolescente continúa faltando el respeto, la conversación ha terminado.

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