Cómo separarse sin dañar a quienes más quieres
Guía para prevenir el daño psicológico en tus hijas e hijos en una separación
No se puede negar que una separación es un proceso que genera, en la mayoría de los casos, un alto nivel de estrés. Está claro que hay cambios y dolor en muchos momentos. Hay que ayudar a reconocer y aceptar las emociones de las personas adultas, pero sobre todo las de las niñas y los niños. En la mayoría de las situaciones el conflicto es inevitable; la diferencia está en cómo lo afrontamos y en las decisiones que vamos tomando.
Apostemos por una separación centrada en nuestras hijas e hijos
Cuando una pareja decide separarse, tiene que tomar muchas decisiones. Es un momento importante y difícil. El bienestar psicológico y emocional de tu hija o hijo depende de cómo seáis capaces de afrontar este duro proceso como madres y padres.
Los estudios demuestran que cuando ambos progenitores se involucran de manera conjunta en la educación, crianza y decisiones vitales de sus hijas e hijos, evitando su exposición a los conflictos, aumenta su bienestar y ajuste psicológico. Esto también mejora el ajuste de madres y padres a esta nueva situación.
Aunque la pareja se separe, la familia continúa, aunque con una forma diferente, pero con la misma importancia para el cuidado y la protección. No hay que olvidar que seguís siendo el modelo que tu hija o hijo utilizará para afrontar sus futuras e inevitables crisis vitales.
El conflicto interparental: la clave de los desajustes
No es la separación en sí misma la que lleva a consecuencias negativas en las hijas e hijos, sino la gestión que las madres y los padres hacen de esta. Si no se logra un contexto adecuado, la familia puede convertirse en un entorno hostil para crecer y las consecuencias para las niñas y los niños pueden llegar a mantenerse durante años.
¿Y tú qué puedes hacer para evitarlo?
- Prioriza a tus hijas e hijos: adopta estrategias que ajusten la separación a sus necesidades y evita enredarte en el conflicto.
- Sigues siendo madre o padre: desarrolla un abanico de conductas flexibles para afrontar el proceso y proteger su bienestar.
- Reconoce tus sentimientos, hazle hueco al malestar: reconoce lo que está pasando dentro de ti, amablemente y con tranquilidad, sin juzgar tus pensamientos, sentimientos, emociones, recuerdos o impulsos. Tan solo observa con curiosidad lo que está sucediendo.
- Ponles palabras: expresa en silencio lo que sientes, por ejemplo: ansiedad, dolor, tristeza o ira.
- Atiende a las emociones y céntrate en lo que puedes controlar: cuando nos enfrentamos a una separación es normal que aparezcan el miedo y la ansiedad. También la rabia y la ira. Es demasiado fácil perderse en el dolor y rumiar sobre las intenciones de la otra parte, lo que debería ser o lo injusto de la situación.
¿Qué podemos hacer?
- Céntrate en lo que puedes controlar: No podemos controlar mágicamente los sentimientos eliminando el miedo o el enfado. Pero sí podemos controlar lo que hacemos aquí y ahora. Y eso es lo que importa.
- Evita usar a los hijos como armas: Uno de los comportamientos que caracterizan una separación problemática es utilizar a las hijas o hijos como armas en el conflicto, actuando no en base a su interés superior, sino con el objetivo de perjudicar a la expareja. Todos tenemos que ceder un poco; si ninguno da un paso atrás, la guerra queda declarada.
- Reflexiona antes de actuar: Pregúntate:
Si hago esto, ¿qué gano con ello?
¿Qué efecto puede ocasionar en la otra persona?
Si dejo que estos pensamientos o emociones me guíen, ¿eso me ayudará a ser la persona que quiero ser?
Si me dejo atrapar por ellos, ¿eso me ayudará a actuar como el padre o la madre que quiero ser? - Nunca hables mal del otro progenitor: Lo que más ayudará a tu hija o hijo es que nunca hables mal de su otro progenitor, porque él o ella siempre seguirá siendo su padre o su madre. La ruptura del concepto de familia puede generar mucha inseguridad. Si además tu, te desregulas o hablas mal del otro adulto, aumentará todavía más esa inseguridad.
- Mantén la comunicación y cooperación parental: Mantener la comunicación entre progenitores, apoyarse en las decisiones de la otra persona e informarse sobre cuestiones relativas a las hijas e hijos son habilidades que repercuten directamente en su bienestar.
- Prioriza el bienestar de tus hijos: Esto no debe convertirse en hipervigilancia. Si convertimos a las hijas e hijos en el centro de disputa, se sentirán agobiados y pueden aparecer síntomas de ansiedad o problemas conductuales.
- Sé consciente de tu conducta tras conflictos: Si notas que no le estás tratando como se merece debido a tu malestar, ese es el momento de parar, calmarte y recolocarte. No es justo que pague por algo que no le corresponde.
- Pequeños gestos importan: Facilitar una llamada al otro progenitor cuando le echa de menos, tener una muda en cada casa, preguntar y comunicarse. Estos detalles ayudan a que se sientan acompañados y seguros.
- Busca apoyo profesional y social: Un proceso de duelo puede requerir ayuda de psicólogos, familia y amistades; establece límites claros sobre tus tiempos y decisiones. La separación es tu proceso; evita que tomen decisiones por ti.
- Afronta la nueva etapa como oportunidad: Una separación es un proceso doloroso y de múltiples pérdidas. Pero también puede ser una etapa de cambios y oportunidades para ti y para tus hijas e hijos. Otras personas lo han conseguido.
Estrategias eficaces
- Saber que, aunque las hijas e hijos no estén presentes en las discusiones, perciben el conflicto a través de gestos, miradas, tono de voz y conversaciones.
- Aceptar que el proceso no será fácil y que habrá altibajos.
- Atreverse a hacer cambios y ser flexibles.
- Observar el propio comportamiento para poder “parar” antes de dejarse arrastrar por las emociones.
- Buscar ayuda psicológica cuando sea necesario.
- Dejarse acompañar por familia y amistades según la necesidad.
- Intentar no enredarse en el conflicto, incluso cuando sientas que la otra persona no acompaña.
- Aceptar que no existe una única forma correcta de separarse.
- Adaptarse a la incertidumbre y, cuando sea posible, ponerse en el lugar de la otra persona.
- Valorar también los aspectos positivos que este cambio pueda traer.
